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EL ISLAM

 

El Islam de un vistazo

El concepto de Dios en el Islam

El sistema moral en el Islam

EL ISLAM DE UN VISTAZO

Con el nombre de Allâh, que es Clemente y Misericordioso.

El Islam y el musulmán
La palabra "islâm" es un término árabe que alude a la paz, a la entereza, a la entrega, y en sentido religioso se añade la dimensión que define la relación del ser humano con Dios. La persona que acepta la soberanía del Dios Único y que se entrega completamente a Su voluntad recibe el nombre de musulmán. El nombre de "mahometano" que usan algunos es tanto una equivocación como una ofensa al espíritu y al sentido mismo del Islam.

El uso islámico de la palabra Allâh para referirnos al Dios Único puede presentarle alguna inconveniencia al lector hispano. Por ello aquí usaremos la palabra Dios salvo cuando se trate de una cita del texto coránico.

Continuidad de la misión de los profetas
El Islam no es una religión nueva, sino la misma revelación de Dios a todos Sus profetas. Nos dice el Corán: Tenemos fe en Allâh y en todo lo que se nos ha revelado; y en todo lo que se les reveló a Abraham, a Ismael, a Isaac, a Jacob, a las Tribus, a Moisés, a Jesús y a todos los profetas, procedente de nuestro Señor. No distinguimos entre unos profetas y otros, y nos rendimos a la voluntad de nuestro Señor.

Aspectos básicos de la fe
El musulmán tiene fe en el Dios Único, en todos Sus mensajeros, en todos Sus mensajes, en Sus ángeles, en el Día de la Resurrección, en la Otra Vida, y en la responsabilidad que tiene cada persona respecto de lo que hace. Esta es la fe del musulmán.

El Dios Único
El Islam se caracteriza por la fe en el Dios Único y por la aceptación de Su soberanía en la práctica. Esto va unido a una visión del Universo que le da sentido a éste y del lugar que ocupa el ser humano en el mismo. Esta fe libra al hombre de todos los miedos y supersticiones, haciéndolo consciente de la Omnipresencia de su Señor y de los vínculos que lo unen a Él.

La fe en Dios se refleja y se manifiesta en acciones, y éstas confirman lo que hay en el corazón. Tener fe en el Dios Único conlleva que veamos a toda la humanidad como una sola familia unida en la benevolencia universal del Único Creador. La fe en el Dios Único y las buenas acciones que la confirman son claves para entrar en el Paraíso. Así pues, la relación entre el hombre y Dios es directa y está al alcance de cada uno de nosotros, sin necesidad de ningún intermediario ni intercesor.

Patrimonio Hispánico
Apenas ochenta años después de la muerte del profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) el Islam pasaba a formar parte de la cultura hispana. Durante nueve siglos luminosos, desde el año 711 hasta 1610, fue la religión más tolerante de la Península Ibérica, hasta la extirpación de la comunidad islámica hispana con métodos militares, políticos e inquisitoriales, con lo que España entró en un largo período de privación de la luz del Islam.

Durante la época islámica los musulmanes españoles edificaron monumentos tan célebres como la Mezquita Mayor de Córdoba, el Alcázar de Sevilla, la Alhambra de Granada o el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, que siguen atrayendo a visitantes como verdaderas joyas arquitectónicas del Islam, aunque ahora en tierra conquistada.

La responsabilidad del ser humano
El ser humano, como exponente supremo de la creación, es arquitecto de su propio destino. Creado con las mayores potencialidades, el hombre es libre en su voluntad y en sus actos. Dios le enseña el camino recto, y la vida del profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) nos sirve como ejemplo perfecto para alcanzar este ideal. Siguiéndolo, el hombre se engrandece y alcanza la perfección.

La personalidad de cada uno es sagrada en el Islam; todas las personas tienen los mismos derechos sin distinción alguna. El príncipe y el campesino, el rey y el plebeyo, todos están en pie de igualdad ante Dios, según leemos en el Corán y vemos ejemplificado en la vida del Profeta (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!).

El Corán y el ejemplo del Profeta
El Corán es la palabra definitiva revelada por Dios, norma y criterio de base en el Islam. En el Corán leemos sobre los fundamentos de la fe, la moral, la historia humana, los ritos, la sabiduría, las relaciones entre Dios y el hombre y entre el hombre y su prójimo. Sobre la base del Corán pueden edificarse sistemas de justicia social, de economía, política, jurisprudencia y relaciones internacionales.

Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) era un hombre sencillo, sin instrucción académica, que no sabía leer ni escribir. No obstante, sus discípulos memorizaron y pusieron por escrito el Corán mientras él aún vivía. Y así hoy tenemos en nuestras manos el Corán en su forma original y completo en la pura lengua árabe en que fue revelado.

Los hadices, o relatos de los dichos y hechos del profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!), nos enseñan los efectos de la revelación en la vida diaria.

Concepto de culto a Dios
El Islam no concede ningún valor al mero ritualismo, sino que insiste en la pureza de intención y en hacer el bien. Adorar a Dios es conocerlo, amarlo, buscar su satisfacción en todas las facetas de la vida… El musulmán fomenta el bien y aparta el mal, practica la caridad y la justicia, y sirve a Dios sirviendo a la humanidad. El Corán expone estos conceptos de un modo sublime: La virtud no consiste en volver el rostro hacia oriente u occidente; el que tiene virtud es el que tiene fe en Allâh, en el Último Día, en los ángeles, en los Libros y en los Profetas, el que da de su riqueza, a pesar del apego que siente por ella, a los parientes, huérfanos, necesitados, caminantes, mendigos y para liberar esclavos; el que establece la oración y entrega el azaque; el que es fiel a los compromisos cuando los contrae; el perseverante en la adversidad y en la desgracia, y en los momentos más duros de la lucha. Esos son los precavidos. (Corán, 2:177)

Las cinco prácticas básicas del Islam
En el Islam, toda acción que se lleve a cabo con la intención de satisfacer a Dios se considera un acto de adoración. Sin embargo, las prácticas básicas sobre las que el ser humano construye su Islam son las siguientes:

1. El Testimonio, que reza así: Doy fe de que Dios sólo hay Uno, y doy fe de que Muhammad es Su siervo y mensajero. Esta misión de Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) invita a los musulmanes a seguir la vida ejemplar del Profeta en todos sus aspectos.

2. La Oración, en cinco momentos claves del día, como compromiso personal con Dios. Así damos vida y fuerza a nuestra fe en Él, purificando el corazón en nuestra aspiración a evitar la conducta inmoral y a desarrollar una moralidad superior.

3. El Ayuno, durante el sagrado mes de ramadán. Desde el alba hasta el ocaso, el musulmán se abstiene de comer, beber y de toda actividad sexual, evitando cualquier inclinación apasionada o destructiva, de pensamiento, palabra u obra. El ayuno educa al ser humano en la constancia, la paciencia, el desapego y la fuerza de voluntad, enseñándole en sus carnes el amor, la sinceridad y la devoción.

4. El Azaque, que consiste en una de cada cuarenta partes (el 2,5%) de los ahorros de cada año, y que pertenece por derecho a los más necesitados de la comunidad.

5. La Peregrinación a la Ka‘ba, en la ciudad de La Meca, por lo menos una vez en la vida, para quien pueda permitírselo y sin perjudicar a sus parientes y allegados.

La vida islámica
El Islam ofrece un proyecto completo que puede ser seguido por toda la humanidad en todas las circunstancias. Posee un código global que trata de todos los aspectos de la vida: desde la economía y la política hasta la moral y la espiritualidad, rechazando en todo caso cualquier tipo de extremismo y fomentando el cultivo de una personalidad equilibrada.

El Corán nos hace reflexionar constantemente sobre los fines últimos de nuestra existencia y sobre nuestra responsabilidad para con nosotros mismos, para con todos los que nos rodean, cercanos y lejanos, y para con nuestro Creador.

El ser humano tiene a su alcance en el Islam pautas con las que orientar su vida y estar a la altura de los ideales con que situarse ante los desafíos que ésta le presenta.

Perspectiva histórica
Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) nació en la ciudad de La Meca, en la Península de Arabia, hacia el año 570 de la era cristiana, en el seno de una ilustre familia árabe, los Quraish. A los cuarenta años recibió su primera revelación. Empezó a dar a conocer lo que se le revelaba, y a su alrededor se reunió un creciente grupo de discípulos. Perseguidos y humillados, la pequeña comunidad tuvo que emigrar al norte, a la ciudad que desde entonces se conocería como Medina (la Ciudad del Profeta, o la Ciudad Iluminada).

Nos cuenta la tradición que Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) cumplió su misión transmitiendo su mensaje de palabra y de obra durante veintitrés años, devolviéndole su espíritu a su Señor a la temprana edad de sesenta y tres años. Fue sepultado en Medina.

Su vida es un ejemplo para toda la humanidad como encarnación de las enseñanzas del Corán puestas en práctica.

El mensaje universal del Islam
Por su manera directa de expresar la Verdad, el Islam atrae poderosamente a cualquier mente sincera y razonable. Su universalidad se basa también en el hecho de ofrecer una solución para todos los problemas que encontramos en la vida, elevándonos hacia la felicidad glorificando siempre al Creador.

Porvenir hispanoamericano
La cultura hispanoamericana sigue íntimamente vinculada con su herencia islámica. Las ciudades mineras del Perú y Bolivia siguen enseñándonos la artesanía de los maestros mudéjares desterrados en los siglos XVI y XVII. La Capilla Real de Cholula, en México, es hija legítima de la Mezquita Mayor de Córdoba, con sus bóvedas y arcos característicos. Fueron nietos de estos artesanos los que construyeron el claustro mudéjar de la Universidad Nacional de San Carlos, a mediados del siglo XVIII, en la Antigua Guatemala; y sus descendientes perpetúan esta herencia hasta la fecha. El patio californiano también es otra herencia islámica de los días en que el aire acondicionado llegó a las casas del Mediterráneo y del Caribe por las rejas y el agua canalizada, como una verdadera bendición regalada por el Creador. ¡Quiera Dios que la benévola fe del Islam termine por recorrer plenamente las venas de todas las Américas!



EL CONCEPTO DE DIOS EN EL ISLAM

Toda lengua posee uno o más términos para referirse al Dios Único y a cuanto el hombre diviniza, pero éste no es el caso de la palabra Allâh. Allâh solamente se refiere al Dios Único, y nada ni nadie más puede recibir el nombre de Allâh. Esta palabra, en consonancia con su sentido, no tiene plural ni distinción de género masculino o femenino, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la palabra "dios", cuyo sentido refiriéndose a cualquier cosa o persona que divinice el hombre va acompañado de su uso en singular y plural, masculino y femenino. Es interesante notar que formas emparentadas con la palabra originariamente árabe "Allâh" se encuentra también en otras lenguas semíticas para referirse al Dios Único, y en particular en la lengua de Jesús.

Para el musulmán, Allâh abarca todas las posibilidades y potencialidades, crea y sustenta el universo, y es Único y sin igual. Cuando los contemporáneos del profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) le preguntaron acerca de Allâh, la respuesta vino en forma de una breve pero contundente revelación, que constituye el capítulo 112 del Corán:

Di: Él es Allâh, Uno; Allâh, el Señor Absoluto. No ha engendrado ni ha sido engendrado. Y nada ni nadie se Le parece.

Hay quien alega que el Dios del Islam es un Ser rígido y cruel, que exige ser obedecido en términos absolutos, que no ama ni es benévolo. ¡Nada más lejos de la realidad! Bástenos saber que casi todos los 114 capítulos del Corán comienzan con la expresión: Con el nombre de Allâh, que es Clemente y Misericordioso. O más exactamente: Con el nombre del Dios del Amor Infinito y Eterno. El profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) dijo: "Dios es más benévolo y ama más que una madre a su hijo."

Pero Dios también es Justo. Por eso, a hacer el mal le corresponde el castigo, y la virtud se encuentra con la generosidad y los favores. De hecho, la misericordia divina viene complementada por Su justicia. Una vida esforzada y de amor a Dios no encuentra el mismo trato de su Señor que la opresión y la explotación del hombre por el hombre. Otra cosa sería negar la responsabilidad humana de cultivar una vida moral y virtuosa en este mundo. Las siguientes aleyas coránicas son claras y precisas en este sentido:

Es cierto que los precavidos tienen junto a su Señor los Jardines del Deleite. ¿Es que vamos a tratar a los hombres de paz como a los criminales? ¿Qué os pasa? ¿Qué manera de juzgar es ésa? (Corán, 68:34-36)

En el Islam no se representa a Dios, no se le da forma humana ni se Lo presenta favoreciendo a unos individuos o naciones por su riqueza, su poder o su raza. Dios crea a todos los hombres iguales, y son éstos los que se distinguen únicamente a base de su virtud y sus acciones.

Desde un punto de vista islámico es absurdo concebir un Dios que se queda ocioso después de crear, un Dios que lucha contra Su siervo, un Dios que conspira envidioso contra la humanidad, o un Dios que se encarna en un cuerpo humano.

El uso de la palabra Allâh refleja el hincapié que hace el Islam sobre el carácter único de Dios, que es la esencia del mensaje de todos los Profetas. Divinizar cualquier cosa o persona es un error fatal que no admite disculpa, aunque Dios puede disculpar cualquier otra cosa.

Siendo lo creado transitorio, el Creador es lógicamente de una naturaleza diferente. Si no, si fuera transitorio, necesitaría Él, a Su vez, un Creador.

Si el Creador no es transitorio, entonces tiene que ser Eterno; y si es Eterno, entonces Su existencia no puede ser causada por nada; y si nada causa Su existencia, entonces esto significa que es Autosuficiente y nada puede acabar con Su existencia. Es el Primero y el Último. Es el Qaiyûm, el Autosuficiente y Sustentador de la existencia y la experiencia de las criaturas.

Allâh es el Creador de cada cosa, y su Protector. Suyas son las llaves de los cielos y de la tierra. (Corán, 39:62-63)

No hay ninguna criatura en la tierra cuyo sustento no recaiga sobre Allâh, y de la que Él no sepa su morada y paradero. (Corán, 11:6)

Atributos de Dios
Si el Creador es Eterno, Sus cualidades también son lógicamente eternas, ni se adquieren ni se pierden, son Suyas de un modo absoluto. ¿Puede haber más de un Creador con tales atributos absolutos? ¿Puede haber, por ejemplo, dos creadores en este sentido absoluto? Si pensamos esto por un momento veremos que no es posible.

El Corán resume esta reflexión en las aleyas siguientes:

Allâh no ha tomado hijo alguno ni hay junto a Él ningún otro dios. Entonces cada dios iría por su lado con su creación, y unos chocarían con otros. (Corán, 23:91)

Si hubiera en ambos (en el cielo y en la tierra) otros dioses que Allâh, estos dos se desmembrarían. (Corán, 21:22)

La unicidad de Dios
El Corán nos recuerda lo absurdo de las pretensiones de otros dioses. A los que veneran las obras del ser humano se les pregunta:

¿Es que vais a servir a lo que vosotros mismos talláis? (Corán, 37:95)

¿Es que habéis tomado fuera de Él protectores que ni siquiera pueden beneficiarse ni defenderse? (Corán, 13:16)

A los que siguen a cualquier tipo de astros se les cita la historia de Abraham:

Y cuando cayó sobre él la noche, vio un astro y dijo: "Éste es mi Señor." Pero cuando desapareció, dijo: "No amo lo que se desvanece." Cuando vio que salía la Luna, dijo: "Éste es mi Señor." Pero al ver que desaparecía, dijo: "Si mi Señor no me guía seré de los extraviados." Cuando vio el Sol naciente, dijo: "Éste es mi Señor, éste es mayor." Pero cuando se ocultó, dijo: "¡Gente mía, no tengo nada que ver con vuestra idolatría! Yo he dirigido mi rostro al Creador de los cielos y de la tierra, sumiso, y no soy un idólatra." (Corán, 6:76-79)

La actitud del musulmán
El musulmán, el hombre de paz, tiene fe en el Dios Único: Único que crea, preserva, alimenta… Esto es el tauhîd ar-rubûbía: hay un Solo Señor. Pero esto lo sabe también el idólatra, y no es suficiente para hacer de él un musulmán en sentido pleno. Este señorío único viene acompañado por el tauhîd al-ulûhía: sólo el Dios Único merece ser seguido y adorado.

¡Gente del Libro! No saquéis las cosas de quicio al practicar la religión ni digáis sobre Allâh nada que no sea la verdad. La verdad es que el Mesías, Jesús, el hijo de María, es el Mensajero de Allâh, Su palabra depositada en María y un espíritu procedente de Él. Tened fe, pues, en Allâh y en Sus Mensajeros, y no digáis "Tres". Es mejor para vosotros apartaros (de ese tipo de cosas). La verdad es que Allâh es un Único Dios y está muy por encima de tener un hijo. (Corán, 4:171)

El conocimiento del Dios Único es un motor que mueve la fe en Él y la conciencia abierta a la verdad de las cosas.

La fe es una apertura radical del corazón que se manifiesta en la acción humana. En palabras del profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!): "La fe es una cosa que anida en el corazón y se manifiesta en los hechos."

Entre las cosas que bullen en un corazón con fe está una especie de agradecimiento al Dios Único, que se puede decir que permea íntimamente la ‘ibâda (el servicio activo al Dios Único). Esto es tan básico que la persona que rechaza al Dios Único es llamada kâfir, o sea: "Quien tapa la verdad", "Desagradecido", "Rebelde contra la Fuente de su existencia", "Cafre".

El musulmán ama al Dios Único y Le agradece Su generosidad de pensamiento, palabra y obra. Está siempre alerta y precavido también ante la ira divina, tanto en Esta Vida como en la Otra. Se rinde ante el Dios Único y Le sirve humildemente. Esto conlleva estar consciente del Dios Único en todo momento. El recuerdo del Dios Único aviva la llama de la fe, y sin él se apaga y desaparece.

Aleyas del Corán
El Corán nos desarrolla la sensibilidad alimentándonos la fe al hablarnos constantemente de las características del Dios Único. Por ejemplo en las siguientes aleyas:

Él es Allâh: no hay dios sino Él; conoce lo oculto y lo expuesto; es el Clemente y el Misericordioso. Él es Allâh: no hay dios sino Él, el Rey, el Perfectísimo, la Paz, el que da Seguridad, el Vigilante, el Irresistible, el Forjador, el Supremo. ¡Gloria a Allâh por encima de lo que idolatran! Él es Allâh: el Creador, el Originador, el Modelador. Suyos son los nombres más hermosos. Todo lo que hay en los cielos y la tierra lo ensalza. Y es el Irresistible y el Sabio. (Corán, 59:22-24)

¡Allâh! No hay dioses, sólo Él, Viviente y Sustentador. Ni la somnolencia ni el sueño se apoderan de Él. Suyo es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra. ¿Quién es el que puede interceder por alguien ante Él, si no es con Su permiso? Él sabe lo que hay ante ellos y lo que hay detrás de ellos, pero ellos no abarcan nada de Su conocimiento salvo lo que Él quiera. El escabel de Su trono abarca los cielos y la tierra, y mantenerlos no Le causa fatiga. Él es el Elevado, el Inmenso. (Corán, 2:255)



EL SISTEMA MORAL EN EL ISLAM

El Islam establece que el ser humano tiene unos derechos básicos y universales, que son irrenunciables bajo cualquier circunstancia. Y para que estos derechos sean respetados el Islam inspira un código que los garantice, y ofrece un sistema ético que fomente eficazmente su respeto. El Islam acepta y fomenta todo lo que conduce al bienestar del individuo y de la sociedad, y rechaza lo dañino. En el Islam, tan importante es el amor a Dios como el amor a Sus criaturas, y las formas son algo secundario. Leemos en el Generoso Corán:

La virtud no consiste en volver el rostro hacia oriente u occidente; el que tiene virtud es el que tiene fe en Allâh, en el Último Día, en los ángeles, en los Libros y en los Profetas, el que da de su riqueza, a pesar del apego que siente por ella, a los parientes, huérfanos, necesitados, caminantes, mendigos y para liberar esclavos; el que establece la oración y entrega el azaque; el que es fiel a los compromisos cuando los contrae; el perseverante en la adversidad y en la desgracia, y en los momentos más duros de la lucha. Esos son los precavidos. (Corán, 2:177)

En esta aleya se nos ofrece una bella descripción de la persona virtuosa, que mantiene su mirada en el amor a Dios y a Sus criaturas. Aquí se nos plantean cuatro directrices:

Nuestra fe como algo real y sincero.

Nuestra predisposición a que se manifieste en actos de amor con los demás.

Nuestra ejemplaridad, apoyando todas y cada una de las obras de amor ajenas.

Nuestra firmeza en todas las circunstancias.

Sobre este patrón podemos juzgar nuestra conducta particular, y alrededor de este núcleo puede moverse nuestra conducta moral. Antes de nada, el Islam se dedica a implantar firmemente en el corazón del hombre la conciencia de su compromiso íntegro con el Dios Único. Éste lo ve siempre y en todo lugar. El hombre podrá esconderse de todo el mundo menos de Él, podrá engañar a todos menos a Él, pero también podrá ser defraudado por todos menos por Él.

Sobre la base de esta conciencia se hace posible estar a la altura del patrón moral más elevado, abierto a una perfectibilidad continua. Al concebir la revelación como criterio de validez intelectual y moral tenemos la garantía de unos patrones morales estables y permanentes, con amplios márgenes para ajustar las normas concretas a los grandes fines de toda conducta moral, pero lejos de toda perversión de su sentido, lejos de la ley de la selva, lejos de relativismos impracticables y lejos del libertinaje, enemigo de toda convivencia. El Corán establece el amor como motor de una ética libre, sin presiones exteriores. La fe como apertura radical del corazón al Dios Único y a la trascendencia de las acciones, palabras y pensamientos es una fuerza que nos permite modelar nuestra conducta de acuerdo con la altura de nuestros principios morales.

Este sistema moral no se obsesiona por rebuscar virtudes originales y nunca vistas, ni les quita su importancia a otras normas morales bien conocidas, como tampoco les concede una importancia exagerada a unas dejando de lado a otras. El Islam recoge las virtudes morales reconocidas y, con un sentido del equilibrio y la proporción, les asigna a cada una de ellas un lugar y una función adecuada en el esquema global de la vida. El Islam ensancha el horizonte de la vida individual y colectiva y sus actividades, abarcando el campo político, económico, legal, formativo y social. Abarca toda la vida del hombre, desde el hogar hasta la sociedad, desde la mesa hasta las conferencias internacionales. Literalmente, desde la cuna hasta la tumba. En resumen: ninguna esfera de la vida queda exenta de esta aportación universal y global de los principios morales del Islam. Esta religión entroniza la moralidad y asegura de esta manera que todos los aspectos de la vida estén regulados por normas de moralidad, en lugar de estar dominados por deseos egoístas e intereses mezquinos.

El Islam le ofrece al ser humano un modo de vida basado en la bondad. Llama a practicar la virtud no sólo estableciéndola sino también apartando el vicio; llama a buscar el bien y rechazar el mal. El Islam quiere que prevalezca el veredicto de la conciencia y que la virtud no quede relegada a un segundo plano por el mal. Los que responden a esta llamada forman una comunidad y reciben el nombre de musulmanes. Y el objetivo singular en el que se basa la formación de esta comunidad (umma) es el de llevar a cabo un esfuerzo organizado para establecer y practicar la bondad así como para suprimir y erradicar el mal.

Damos a continuación algunas de las enseñanzas morales básicas del Islam para diversos aspectos de la vida del musulmán. Abarcan un amplio espectro de la conducta moral personal así como sus responsabilidades sociales.

La devoción a Dios

El Generoso Corán habla de las cualidades más elevadas del musulmán:

La verdad es que el más noble de vosotros ante Allâh es el más precavido. (Corán, 49:13)

Humildad, modestia, control de pasiones y deseos, veracidad, integridad, paciencia, constancia y el cumplimiento de las promesas son valores morales en los cuales insiste una y otra vez el Corán. Así leemos:

Y Allâh ama a los perseverantes. (Corán, 3:146)

Apresuraos a obtener de vuestro Señor la disculpa y un Jardín cuya extensión son los cielos y la tierra, preparado para los precavidos, que dan en los momentos de desahogo y en los de estrechez, refrenan la ira y perdonan a las personas. Allâh ama a los que hacen el bien. (Corán, 3:133-134)

¡Hijo mío! Establece la oración, encomienda el bien, rechaza el mal y sé firme en la adversidad; la verdad es que eso requiere entereza. Y no pongas mala cara a la gente ni andes por la tierra con insolencia; la verdad es que Allâh no ama al que es presumido y jactancioso. Sé modesto en tus andares y baja la voz; la verdad es que la más desagradable de las voces es la voz del burro. (Corán, 31:17-19)

En una fórmula que resume el comportamiento moral del musulmán, el profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) dijo:

"Mi Señor me dio nueve reglas: permanecer en devoción constante, en privado como en público; hablar con justicia, en la ira como en la alegría; actuar con moderación, en la pobreza como en la riqueza; recuperar la amistad de quienes hayan roto con uno; ser generoso con quien lo rechaza a uno; enseñar con la mera mirada; y disponer el bien."

Responsabilidad para con los demás
Las enseñanzas del Islam referentes a las responsabilidades sociales están basadas en el afecto, el respeto y la solidaridad con los demás. Para evitar que el precepto general de hacer el bien se olvide en algunas circunstancias concretas, el Islam insiste también en hacer el bien en algunas situaciones específicas y define los derechos y responsabilidades inherentes en cada relación. En un círculo que se amplía gradualmente, nuestras obligaciones se centran primero en nuestra familia (padres, cónyuges e hijos) para abrazar después a nuestros otros parientes, vecinos, amigos y conocidos, los huérfanos y las viudas, cualquier necesitado, y toda la humanidad. Pero nuestra responsabilidad no se para aquí, sino que se extiende a todas las criaturas por separado y en su conjunto.

Los padres
El Islam insiste mucho en el respeto y el cariño para con los padres, y en especial la madre, siendo esto una parte básica de la expresión de la fe del musulmán:

Tu Señor ha declarado tajantemente que no Lo sirváis sino a Él, y que hagáis el bien con los padres. Si a alguno de ellos, o a los dos, les llega la vejez junto a ti, no les digas "¡Uf!" ni los trates con antipatía, sino que háblales con buenas palabras. Arrópalos con humildad, por amor, y di: ¡Señor mío! Trátalos con amor, al igual que ellos me criaron cuando era pequeño. (Corán, 17:23-24)

Otros parientes
Y dale al pariente, al mendigo y al caminante lo que le corresponde, y no malgastes en derrochar. (Corán, 17:26)

El prójimo
El profeta Muhammad (¡La bendición y la paz de Dios sean con él!) dijo: "No tiene fe quien come hasta la hartura mientras su prójimo tiene hambre."

Y también: "No tiene fe aquél cuyo prójimo no esté a salvo de su mano y de su lengua."

De hecho, de acuerdo con el Generoso Corán y la tradición islámica, la responsabilidad moral del musulmán no sólo abarca a sus padres, parientes y vecinos, sino que se extiende a toda la humanidad e incluso a toda la creación. Por ejemplo, el musulmán no se dedica a cazar por el mero gusto de cazar. Y tampoco tala árboles, ni arranca plantas que proporcionen alimentos, a menos que para ello exista una necesidad muy apremiante.

De este modo el Islam ofrece un elevado sistema moral gracias al cual la humanidad puede hacer realidad todas sus mejores potencialidades. El Islam purifica el corazón eliminando el individualismo, la tiranía, la vanidad, la arrogancia y la rebeldía. Crea personas virtuosas, leales, cultas, bondadosas, generosas y disciplinadas, siempre comprometidas con la verdad. El Islam fomenta la responsabilidad moral y el autocontrol, y genera solidaridad, hermandad, amor, simpatía, paz, altruismo, ecuanimidad y veracidad, siempre con los máximos escrúpulos hacia toda la creación en todas las situaciones. Nutre las nobles cualidades de las cuales únicamente se puede esperar el bien. Participa y colabora en la resolución de los problemas económicos y políticos de la sociedad. Y así podríamos seguir enumerando las virtudes del Islam en el terreno moral.

 

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